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La 'Santa Inquisición' marca a la vecina de Cazalilla

DE PERFIL

María Dolores Salido, en una imagen facilitada.

María Dolores Salido es protagonista a su pesar. Denunció ante la Guardia Civil el veto a ser hermana mayor en las fiestas de San Blas, de Cazalilla. Su condición de divorciada le aparta de forma abrupta de un sueño que, además, compartiría con su hijo, que hubiera sido hermano infantil en las tradicionales fiestas del municipio. De nada sirvió su buen "expediente" como creyente practicante, catequista y otras tareas menores dentro del pequeño mundo de hermandades del municipio ni tampoco, sorteo mediante, que la diosa Fortuna la eligiera. Con la Iglesia había topado. Quién le iba a decir a ella que después de ese endiablado “premio” tendría hasta miedo de entrar a la iglesia.

El papa Francisco firmó de su puño y letra, antes de que acabara el año, que las parejas del mismo sexo, matrimonios civiles y las uniones de hecho pudieran ser bendecidas por la Iglesia. Pero en ese pulso eterno de la institución entre la renovación y el conservadurismo más recalcitrante no deja de ser una batalla doctrinal más que queda pendiente de aplicar “urbi et orbi”, es decir, más allá de Roma, incluida Cazalilla.

De forma más concisa, precisa esta devota de San Blas que es la Santa Inquisición la que le ha marcado de por vida. "Al ser grupo parroquial, el sacerdote tiene la última palabra y hubo una persona, que será una santa, pero de la Santa Inquisición, que informó al cura de mi condición". Tan asumida tiene su circunstancia de divorciada que, directamente, no se plantea comulgar, aunque acuda a misa regularmente. La denuncia ante el Cuerpo Armado la presume de escaso recorrido, "tenía que haber ido al juzgado". Por el contrario, el muro de las lamentaciones de su Facebook sí ha divulgado su palabra más allá de Cazalilla y le ha puesto en el foco de los medios de comunicación. Ahora, en estos días que pretendía que fueran festivos se ve obligada a poner tierra de por medio para no ser centro de atención en la fiesta.

Toca, por lo tanto, callar y esperar que pase el duelo y la procesión, pero cuando habló con Jaén Hoy, reconocía que lo mejor de esta "triste historia" es el calor de las personas. De la Iglesia, sin embargo, espera poco. "El daño está hecho, he tenido días que de la tensión no podía ni hablar", detalla. Además, aclara que la polémica parte de una cadena de errores, ya que ella iba a ser una hermana de fiestas, que no implica, cargo en la directiva y que, por lo tanto, los estatutos no deberían haberse esgrimido para apartarla. "Podía acompañar al santo, pero no formar parte de la directiva, sólo pretendía ser camarera o hermana de fiestas", agrega más lacónica que indignada.

No es la primera vez que el decreto diocesano de hermandades y presidentes de cofradías genera fuertes tensiones y contradicciones entre la letra de los estatutos y la sangre terrenal que fluye por la realidad de los cofrades. "Si mi dignidad no sirve y cogen a gente que va marcando a los demás, yo a esa Iglesia no quiero pertenecer. Jesucristo dijo bien claro no juzgues y no serás juzgado. Ya hasta tengo miedo de entrar a la iglesia", lamenta. María Dolores Salido quiere pasar página cuánto antes, sólo pide que le pidan perdón por el daño causado. Todo puede llegar, aunque la Iglesia tiene sus tiempos.

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