La ventana
Para verano verano, los de antaño
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Fitur son fotos, esencialmente, políticas, aunque siempre pueda colarse algún mocito feliz para posar junto a la Pantoja de turno. Cambian muchas cosas, pero no existe “coach”, experto en comunicación o sexador de pollos de la opinión pública que pueda torcerle el brazo al cargo de turno para que deje de hacerse diez fotos más y ceder su hueco, en gesto de graciosa majestad, a empresarios o, válgame el señor, a potenciales turistas. La hoguera de las vanidades, versión "low cost". Se acabaron, al menos en público, las bacanales y el sálvese quien pueda de los platos de jamón, pero pasadas las vacas flacas, el despliegue de equipos con dinero público es para hacérselo mirar. La diosa del pop Taylor Swift requiere menos séquito.
En el pódium de fotos, no obstante, y con permiso de sus majestades llegadas de Zara, perdón de la Zarzuela, se encuentra la de Emiliano Page y sus colegas del PP. Anduvo fino el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, para escenificar un encuentro tan casual como una cita con el dentista. La fotografía no requería ni pie de foto. Y es que el presidente de Castilla-La Mancha es la mosca... cuyo zumbido recuerda el género en mal estado que se vende desde el puesto de la Moncloa. A Page le va bien este conflicto de baja intensidad en este mercadillo político que se ha convertido el inicio de legislatura. “Nena, la financiación me las quintan de las manos” podría vociferar María Jesús Montero desde el otro lado de la calle, pero no. La conjura de Fitur escenifica que hay comunidades autónomas que están infra financiadas, entre ellas la andaluza, como bien sabe la matriarca socialista que cifró la cuantía de la engañifa estatal en otros tiempos, pero que ahora ni calla ni otorga. Y luego están otras comunidades a las que se les da el “oro y el moro”, valga la expresión viejuna de tiempos de Castilla, aunque en el caso de Cataluña, solo quieran el oro.
La vicepresidenta primera y la vicesecretaria general del PSOE se queda con las formas, que escuecen lo justo, pero que, a la par, se convierten en mercancía política. El mercadillo es lo que tiene, a veces no sabes la procedencia del género, cada uno sabe el puesto que le toca de antemano, puedes discutir con la autoridad la ubicación, pero cuando acaba la performance, se recogen bártulos y otra vez a la carretera. La farándula es así.
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